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Aquí la magia comienza contigo

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“Querido Walt Disney:

Agradecido antes que nada por los prodigios de historias que usted y su empresa han creado.

Han logrado hacer del animal más odiado, el rostro detrás de las más reconocidas historias de amor. Y eso si que es todo un reto. Han rescatado belleza de pantanos y torreones, de jinetes y princesas. Han hecho a héroes jorobados, y un sinfín de historias de realeza.

 

Pero este escrito no es para elogiarle.

Incauto desde chico, he reverenciado la imagen de amores hemipléjicos, dependientes de contratos sociales y anodinos de razón, superfluos y unidimensionales que, como poeta, me dejan un escozor al tratar de imitarle.

Es por esto que he venido a tratar algunas cuestiones de semántica y populismo. De cultismo, y de lo que realmente agrada a las masas. De generaciones cambiantes, y de lo que sus historias están reflejando.

¿Que ocurre con los padres? Y para evitarme la pluralidad del binomio (y demás basuras del lenguaje incluyente), me referiré en específico a los hombres. ¡¿Dónde diablos tenemos la cabeza?! No es solo que siempre nos la arreglamos para deshacernos de nuestras mujeres, sino que vamos de clichés a solventarnos la carnalidad con la madrastra más mala. Y en paternidad, cero. Ni se hable, ni se mencione.

¿Es en serio lo de la Cenicienta? Que con todo el poder, con toda la gracia, y el carisma del hada madrina, no se hizo de un Mazeratti, alguna amiga del pueblo y la canción del momento, para vivir momentos de locura y cero lucidez. O usar la magia para acabar con el bullying con que la atosigaban, o con el asunto de la pobreza, o de su esclavitud. Abolir las diferencias, hacer valer sus derechos. ¡Pero si es poca cosa! Hagamos un vestido mu’ bonito, y a lucirlo en la fiesta del rey.

Al menos se hizo un favor a la imagen (aunque en nombre del principe, y por tiempo limitado). No como Fiona que vendió su torre, a su familia y belleza, todo por un hombre que ni eso, solo un ogro, y como ogro se quedó.

Y entiendo que Dreamswork no sea Disney, pero allí se afianza mi problema. Vendemos esquemas de amor, que de amor no tienen nada. Hombres a corcel, y mujeres encarceladas. Suegras malvadas, mujeres dejando hasta la voz por galanes de sonrisa blanqueada.

Estoy harto de las historias de amor que deifican simbolismos insípdos de lo que quisieramos; elogiamos a las Bellas y su amor por las bestias.

¡Hija, si tu amor es una bestia, esa bestia realmente no te ama nada! Valórate y crece, que en una torre no mereces estar encerrada.

Necesitamos historias de princesas que se valgan por si mismas, con sus luchas y sus fallas, con sus miedos y batallas. Con estrías, y ¿por que no? Enamoradas. Pero bajo estándares reales, y no en cuentos de hadas. Porque el amor es, y no necesita adornos. Ni maravillas, ni explicaciones.

En la vida real, el amor no se halla en pajaros que cantan y en ratones que hilan y tejen. La belleza del hombre no es recorrer el reino por encajar una zapatilla, sino en el aprender a quererte con o sin ella. No creernos frutas incompletas, sino naranjas listas y dispuestas a ser felices junto a otra (o sin ellas).

Porque en eso reside la verdadera certeza del amor: valorarte en tus fallas, y entonces hallar gracia en los esfuerzos de aquella persona que, con todo su errante ser, comparte ese valor por ti, y por sí.

Entonces el amor es, y no necesita de nuestros adornos. Así le damos descanso al hada madrina, y a los sueños los dejamos florecer. Pues…

Aquí la

magia

comienza

contigo.”

 

Modelo: Paola A. Barrios S.

Tus sueños son una inspiración.

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